Qué son los espacios de datos y por qué te interesa conocerlos

Qué es un espacio de datos

Un espacio de datos es, dicho de forma sencilla, un sitio de confianza donde empresas, administraciones y otras organizaciones se pasan datos sin perder el control sobre ellos. El que pone la información decide quién la usa y con qué condiciones. Y para que eso funcione, todos los que participan juegan con las mismas reglas y usan los mismos estándares técnicos.

La idea viene de Bruselas. En 2020 la Comisión Europea presentó su Estrategia Europea de Datos, y el punto de partida era bastante evidente. Producimos datos a montones, pero casi todos acaban guardados en un cajón o siendo explotadas por uno mismo. Sin embargo, las organizaciones no los comparten porque no se fían unas de otras, porque nadie tiene claro qué normas aplicar o, sencillamente, porque sus sistemas no se entienden. A eso se suma otro problema, y es que buena parte del control sobre la información está en manos de grandes plataformas tecnológicas de fuera de Europa.

Los espacios de datos nacen para cambiar eso. Permiten compartir información y sacarle partido sin renunciar a lo que se conoce como soberanía del dato, que no es más que el derecho de cada uno a decidir sobre lo suyo. Para verlo en la práctica, lo más fácil es darse una vuelta por una farmacia.

Un espacio de datos funciona como una farmacia

Piensa en la farmacia de tu barrio. Los medicamentos los fabrican y los distribuyen los laboratorios, que serían los proveedores. Los que entran por la puerta a por lo que necesitan son los consumidores. Y la farmacia está en medio, poniendo orden para que cada cosa llegue a quien tiene que llegar.

Con los datos pasa exactamente igual. Hay organizaciones que ofrecen los suyos y otras que los necesitan para algo concreto, ya sea mejorar un servicio o investigar. El espacio de datos hace el papel de farmacia y los pone en contacto bajo unas normas que todo el mundo conoce.

Ahora fíjate en las estanterías. Hay cosas que están a la vista y que cualquiera puede comprar, como un protector solar o unas tiritas. Esos serían los datos públicos o abiertos, por ejemplo la previsión del tiempo o las estadísticas oficiales.

Otros medicamentos, en cambio, están detrás del mostrador y no te los dan sin receta. Tienes que enseñar la tarjeta sanitaria y el farmacéutico comprueba que tu médico te los ha recetado. Así el laboratorio sabe que su producto llega a alguien identificado que lo va a usar para un tratamiento concreto. Con los datos privados, es decir, la información sensible o con valor estratégico, ocurre lo mismo: solo se comparten con quien se ha identificado y tiene permiso.

La farmacia, además, tiene algo de catálogo. Puedes ver qué hay, comparar y quedarte con lo que mejor te va. En un espacio de datos existe algo parecido, una especie de escaparate en el que cada proveedor cuenta qué datos ofrece, qué incluyen, cada cuánto los actualiza y en qué condiciones se pueden usar. Así nadie tiene que ir llamando de puerta en puerta. Eso sí, que algo aparezca en el catálogo no quiere decir que te lo puedas llevar sin más, porque los datos privados siguen necesitando su receta.

En la farmacia En el espacio de datos
Laboratorio Proveedor de datos
Paciente Consumidor de datos
Catálogo de medicamentos Catálogo de datos disponibles
Productos de libre venta Datos públicos o abiertos
Medicamentos con receta Datos privados o sensibles
Tarjeta sanitaria Identidad digital verificada
Receta del médico Permiso de uso con una finalidad concreta
Normas sanitarias Reglas comunes de gobernanza

Si te quedas con una sola idea, que sea la de la receta. Un medicamento se receta para un tratamiento concreto, y en un espacio de datos el acceso también se da para un uso concreto. El proveedor nunca suelta sus datos a ciegas. Sabe quién los recibe y para qué.

Ni una nube ni un almacén

Aquí es donde mucha gente se confunde. Un espacio de datos no es un servicio en la nube, y tampoco un gran disco duro compartido al que cada uno sube lo suyo. Los datos no se mudan a ningún sitio.

Volvamos a la farmacia. El laboratorio no tiene su almacén en la trastienda. Fabrica y guarda sus productos en sus propias instalaciones y los envía cuando le llega un pedido válido. Con los datos ocurre igual. Cada organización los mantiene en sus propios sistemas y solo los comparte cuando alguien con permiso los pide, en las condiciones que se hayan pactado.

Lo que pone el espacio de datos es la confianza, o sea, las reglas, los contratos, la forma de comprobar quién es quién y la tecnología que hace que dos sistemas distintos se entiendan. Organiza el intercambio, pero no guarda nada. Por eso el proveedor sigue mandando sobre sus datos. Puede ver en cualquier momento quién ha accedido y retirar el permiso si cambian las condiciones.

Qué gana tu empresa

Todo esto tiene una parte técnica, claro, pero a una empresa lo que le interesa es qué puede sacar de ello. Y es bastante.

Lo primero, dinero. Los datos que tu empresa ya genera en su día a día pueden convertirse en un producto que ofrecer a otras organizaciones, con tus condiciones, a cambio de un pago o de otros datos que te interesen.

También se decide mejor. Si cruzas tus datos con los de proveedores, clientes o fuentes públicas, ves el mercado con mucha más claridad y puedes prever la demanda, ajustar precios o ver una oportunidad antes que la competencia. Y tener acceso a datos de otros sectores permite montar servicios que antes no estaban a tu alcance, como el mantenimiento predictivo o una oferta más personalizada.

Luego está el ahorro. Cuando toda la cadena de valor comparte información, hay menos errores, menos trabajo duplicado y menos esperas. Algo tan simple como coordinarte mejor con tus proveedores ya te ayuda a ajustar el inventario y la logística.

Y por último, la tranquilidad. Las reglas comunes te ponen más fácil cumplir con la normativa europea de protección de datos y con las nuevas leyes sobre compartición de datos, así que hay menos riesgo legal. A diferencia de lo que pasa cuando entregas tus datos a una gran plataforma, aquí decides tú quién los usa y para qué, y siguen siendo tuyos. Por el camino, además, entras en contacto con socios, clientes y centros de investigación de tu sector, que nunca viene mal.

Víctor Castellanos SánchezTécnico de Innovación en Fundación CTME
Graduado en Administración y Dirección de empresas. Técnico del Área de Innovación de CTME. Con experiencia en innovación, aceleración y análisis de startups, gestión de proyectos con base tecnológica mediante metodologías ágiles y asesoramiento de emprendedores.

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